jueves, 28 de octubre de 2010

LOS PASOS INVISIBLES


Primera Edición


Segunda Edición




Ser escritor en el Perú es convivir
diariamente contra
la indiferencia, la intolerancia
y el desaliento. Mie joven amigo
y discípulo Jorge Dávila Pazos,
con su entusiasmo y dedicación
y ternura, ha aliviado en gran
medida este lastre de tensiones
y depresiones que me han aquejado
en estos últimos tiempos; a
él mi gratitud, mi viejo cariño y
estos pasos invisibles que hago
suyos tanto como míos.







ECCE HOMO
“Pasaban los años, pero las
montañas seguían diciendo lo
mismo”
HERMÁN HESSE


He visto las montañas
y las montañas son montañas,
he visto los ríos y los ríos
ríos son.

He visto las nubes
que siempre fueron nubes
y he visto los mares
que siempre serán mares.

He gozado de las flores,
de su aroma que siempre
son de flores;
he visto el vuelo de los pájaros
con sus plumas en el viento
y los pájaros son pájaros.

He visto la tristeza y la alegría
de mi madre en sus ojos
que siempre son sus ojos.

He envejecido viendo al hombre
y sus máscaras esconden

las líneas de su rostro.





OJOS AZULES COMO EL CIELO
Enamorado de tu verso/
de tu cabello dorado
que es el sol/ de tu sonrisa
que mi corazón conquista
cuando a tus pies me veo.

Cómo escapar
a ese mar y a esas olas
que me llevan hacia ti.

En dos orillas enfrentadas
frente al mismo abismo/
una rosa y un roble
se enamoran.
Ella/ que mira la vida
con ternura;/ él/ que
de ella se desprende en
amargura.

Y en ese amor tan
repentino/ el viejo roble
la ve pasar en su caída/
y ella cae hacia el abismo
en suave vuelo.



EPITAFIO EN LA PIEDRA
Dilapidaron mis bienes
mientras agonizaba
entre salmos, latinazgos
y oraciones de un cura
aborrecido.

Aun cuando horribles fueron
los pecados míos/
me resistí a llorar
ante aquel que se arroga
el derecho a perdonar;/
mas su crueldad fue tanta
que de silencio en agua bautismal
mi boca fue llenada.

Con crueldad diseminaron
en mi lecho oraciones
de difuntos.

De negro se vistieron
los profetas y balaron
a mi oído sus credos
y salmodias.

Libre el alma
del cuerpo putrefacto,
vago entre mármoles
y cruces buscando el
mar y su salina espuma,
donde el cura inquisidor
y su cháchara absolvente
no profanen mi descanso
con sus rezos.



MÚSICA DE CÁMARA
No fue difícil sacar el
piano/ aunque para ello
tuvieran que arrancar
la puerta de sus goznes.

Violoncelo, violín y viola
se embarcaron en su viaje
hacia el silencio/ mientras
el viejo con los años de
la gloria en la mirada/
permanecía con los puños
apretados.

La guitarra animó al juez
a rasguear alguna nota
musical y el viejo se
sonrió.

Ya no te queda nada, viejo,
dijo el irónico usurero
prendado el odio en
escarmiento.

La boca desdentada abrió los
ojos como un sapo y estalló
la carcajada;/ los dedos de
la inercia se soltaron.

Podrán llevarse todo, pero jamás
la música (musitó).




CARTA AL SANTO OFICIO

Though they my labour to the grave
my spirit shall they never have.
JAMES JOYCE
The Holy Office


No necesito de los dioses
ni de un casto sacerdote,
ni de un Cristo arrepentido
en su madero, ni de un pan
santificado entre mis labios
para condenarme.

Allí donde se arrodillaron,
compungidas y llorosas
las almas bamboleantes,
yo me elevo y me condeno,
sin miedo, son arrepentimientos,
indiferente al odio y al amor…
libre el corazón de los pesares
de la vida.



CONFESIONES Y PENUMBRAS

I
En tus ojos el silencio se
enmudece/ como acallan las
mareas de los barcos que
aletean en mares de ultramar.

Un cielo de luciérnagas opacan
su belleza ante el ojo seductor
de la noche en su negrura
luminosa y blanquecina.

En las sombras de la tarde/
los galeones de otros tiempos
se desprenden de mis ojos/
como sólo se descuelgan
con sus ojos los otoños
de tu boca.

En el mar de la esperanza
tus palabras se me escurren
de las manos;/ lluvia derramada
bajo el sol de la arena en
su ventisca enloquecida.

Cae sobre mis hombros la tierna
primavera de tu cuerpo en juventud
mujer embravecida./ Mi deseo se
doblega con mis celos al capricho
de tu piel/ en ovillos de vigilias
y ataduras.

II
Prefiero ser gaviota a la deriva/
espuma entre las olas o sal
que se diluye a enloquecer
entre tus brazos;/ muralla
fustigada/ una estrella perdida
entre las rocas:/ por no
verte marchitarte al lado mío
seré todo.

Amor que se eleva a lo sublime/
rama por el tiempo inexorablemente
desnudada/ rostro humedecido
de rocío.

III
Las cadenas que nos atan
a mis ojos y a tus penas/
se solazan al azar al
capricho de tu Dios empecinado
en la simiente de tu vientre
despojado de risas infantiles/
de sonajas coloridas/ de ropones
encendidos/ de aros muertos.

IV
Comulgamos una noche en
el farallón de los suicidas/
y sentimos que la muerte
es un ver pasar al sol/ una
tumba que se posa en las
alas de una negra mariposa.

En tus ojos reflejada está la
muerte en su paso de la
vida al otro lado/ un asomo
a una ventana/ un lento vacilar
en la cornisa/ un ciego dormido
en su cayado/ una soga traicionera
a nuestros pies cortada en su
caída/ una flecha envenenada
en el umbral.

V
Una brisa senil se abraza a mí
cuerpo/ como un árbol que se
quiebra por el paso de los
años/ anunciando en la
amargura de tu voz su desconsuelo;/
peor aun así/ me gustan tus
caricias en mis manos desgastadas
por el tiempo/ la risa de tus
dedos en mis canas en éxtasis
supremo.

VI
Ha escrito tantas veces tu nombre
en mi memoria, Maribel, que ya
no puedo retenerte u olvidarte.



UNA FABULA
I
El rey entro en la cueva
y todas las paredes
dibujaron su tristeza.

Atrás quedaron los traidores
con su corona a cuestas
adornando sus cabezas.

Su desgano vio la tela
de una araña cual una
puerta que se cierra;/
sutiles hilos que él había
destrozado al irrumpir
con su terror en los
dominios de otra reina/
en cuya imagen veía
reflejada su tragedia.

Pasados los días/
la puerta destruida
apareció ante sus ojos.

(Tenacidad, paciencia, temple/
enredados por hilos diligentes).

II
El rey da oídos solo a aquello
que le es grato/ musitó su
chambelán en la memoria.

Escudriño en los escondrijos
del recuerdo/ y disipó
a los impíos con maldad
y con rencor.

Pensó en las lenguas mentirosas/
en los pajes petulantes y bufones/
en la fuerza  y en la gloria
de los jóvenes que buscan de
los dioses para convertirse en hombres.

Hartos de caricias
y de amores encontrados/
cansado de rameras
y de astutos corazones/
se rindió a la suavidad
de los halagos y se dejó
caer sobre la tierra/
como un hato de trigo
cortado por la siega.

Un rocío nocturno
humedeció su rostro
y se quedó dormido.

Una mañana despertó
lleno de coraje;/ el
corazón henchido por la
emoción de encontrarse
donde estaba.

III
Dicen que años más tarde/
ya recuperado el ánimo
y su reino/ en toda copa
que se alzaba en su honor
repetía a viva voz:
-      Por mí no, por la tela
de la araña.

Todos sonreían sin entender
palabra alguna/ en fin/ era
el rey y podía decir lo que
quería.



DESPERTARES
Un badajo enamorado
arrebata mis sentidos.

Escozor en tus entrañas
o mi cuerpo desnudo
fustigando tu sangre
con una timidez/
donde el tiempo
es turbación
que se desboca.

Desatadas ilusiones
arremeten mi razón.
Olas sin bridas
sobre la roca
húmeda/ son tus manos
y tus labios de coral
enrojecido en el fuego
de mis ojos.

De un acantilado
labrado por el tiempo
mi voz te llama;/ presurosa
y sudorosa de amor/
con los pies desnudos
entre el pudor y tus
muslos en fuego/
cubres tu inocencia
con el ardor frustrado
de tu piel desgarrada
en el furor de mi deseo
por esta confesión irreverente.

Llama mi puerta/ sin temor/
pues, ya no hay brumas
que ensombrezcan
mi camino.

Estrecho es el sendero que
recorre mi cuerpo adormecido
con sus pasos/ y una vida
que en los hombros acompasa
su camino.

Aún hay luz
en esta noche
de mi vida;/
aún se estremecen
las fibras de mi canto
entre la aurora.

Cuerpo frágil, cuerpo tuyo.

Llama otra vez/
ahora que el temor
se abandona a los
placeres de la vida/
pues, ya no hay nubes
perdidas en el cielo
sin estrellas/
ni tristezas, ni penas/
ni secretos, ni nada.



MORFEO

“Cuando sea llegada mi hora
moriré; pero moriré como
debe morir un hombre que
no hace más que devolver
lo que se le confió”.
EPICTETO


El cascarón del sueño
nos protege del golpe
matutino que da la realidad.

Y pensamos nuevamente/
quizá esta noche
tengamos mejor suerte/
y durmamos con los ojos
que no quieren despertar.

El ánimo caído luego
del reposo es mal síntoma
de vida;/ la inquietud en
ristre permanente.

Dormir/ un sueño prolongado
como un calco de la muerte/
en que el cuerpo adormecido
ve su frente amortajada
reposando ensombrecida.

Los aromas de las flores
no fragancian nuestros sueños/
paraísos sus colores
aplacando sufrimientos.

¿Acaso no es el sueño
la imagen más cercana
de la muerte que tenemos?

Que no haya flores sino fuego/
que por más generoso que sean
sus aromas/ más fuerte es el
hedor de la carne ante la muerte.

Con obstinada voz
la tierra nos reclama/
y con paso incontrastable
hacia ella encaminamos;/
borrando nuestros rastros
va la muerte/ sin importar
siquiera donde estamos.

El cuerpo sobre el lecho: /
un madero en su naufragio/
un ahogado iluminado
por la noche de un cielo
seducido.

El dormir/
el intento cotidiano de morir/
la farsa en la agonía./
Dormir algún día
con la esperanza
de aquel sueño
en que ya ni hay despertar.

No hay sentido
que no advierta
la llegada de la muerte/
atrás quedan
los falsos dioses
de ruinosos templos/
el hierro enmohecido
en sus añosas cruces/
avinagrado el vino
en cálices de barro.

Venga ya/ la eterna sombra/
reposo merecido
para el hombre justo.



HOJAS MUERTAS
En vivos pensamientos/
quienes se fueron de la luz
hacia el silencio
en las baldas yacen
alejados de sus muertos.

Cual sinuosos ruibarbos
o solitarios arándanos/
los libros se aglomeran
en mi entorno/ en difuntos
aquelarres de emociones
y sentires.

Un Goethe cortesano se desvela
entre un Fausto que envejece
en las tinieblas./ Kafka/ con
su toser impertinente/ esputa
soledumbre perturbando los
sueños de una almohada
desgastada en sus desvelos.

En un Trilce desdeñado/ Vallejo
en su destierro a las puertas
de mi oído orejea su caballo.

Un preludio de Bach me recuerda
el Peter Camenzind de Hesse/ y
un tropel de corceles desbocados
iluminan mi memoria.

De follajes y hojarascas entintadas/
una vida en hojas muertas se
silencia de palabras/ a la espera
de una noche de vigilias.

Mi vida se condensa/
en unas voces olvidadas.



CARÁMBANOS DE INVIERNO
Entre mi soledad y tu tristeza
a cual más honda/ mi corazón
se baña en la ternura que tu
boca reviste de cielo, nube y llanto.

Eres viento, eres brisa, un susurro
de otoño/ un dulce despertar posado
en las añejas ramas en que mi
vida se sostiene/ como un carámbano
de hielo de un invierno ya llegado.

Más profunda que la mar/
la noche asoma a mi ventana
en la casa solariega de Tortugas/
y los vidrios que se empañan
con tu rostro por la brisa
que en la playa se abandona/
como un grito que se arroja
de una nuez que se quiebra
en la garganta.

Un triste despertar amanece más
aprisa en una lagrima reseca
que en la almohada
como gota de una vela que
el resuello del amor ha derribado/
yace solitaria a la deriva.

Un ocaso se desliza suavemente
hacia tus dedos enlazados en
los míos./ mi boca se desnuda
entre las hojas en que tu rostro
al canto de mi verso se empurpura.



AGUAFUERTE
Dulce es la noche diamantina
en que el cuerpo es como un lazo,
maravillosamente contemplado
por una rosa que se abre repentina.

Gozo de tus besos al asomo
de tus muslo encendidos
ahora que tu voz es un asombro,
trino de un ave que reposa
prisionera en mis sentidos.

Espejismo de la noche
son las sombras de tu lecho
cuando el sol ya no se ausenta.

Gime otra vez en tu alegría,
ahora que el deseo se apodera
de tu cuerpo;/ pasión irrefrenable
en que arañas la corteza de las
llamas que te abrazan con furor.

Es el tiempo el que traza
sus caminos en verdes
campos mustios; hecha carne,
hecha sangre, una rosa en
su armadura adormece los
cristales en nocturnas floreceres.

Dejemos que mi ausencia
repose en las aguas de tus ojos,
y al brillo de tu amor que se
aposente entre los míos;
como siempre,
como antes,
como ahora.



TRISTEZAS Y VACÍOS

Para Hámnet

A veces el silencio y la distancia
apaciguan las palabras/
esas que hieren sin querer
lo que añoramos y queremos.

Sola está mi soledad
en su tristeza/ extrañando
la ternura de tu rostro.

A pesar de tu ausencia/
aquí en mi corazón crece
una flor que te recuerda.

Cuanta belleza y dolor
permanece en lo que se pierde.



RESPONSO
Descansa sobre mí
cuando el cuervo
hunda su guadaña
rosa que en mi pecho
lates fuertemente/
ya que tantas veces
te he librado
de las espinas a cuyo
tallo estás atada.



UTOPÍA DE AMOR
La mujer que buscamos
es aquella que llega a
nuestra vida sin un
pasado a cuestas./ Y
en esa loca búsqueda
notamos/ que la vida
se nos va como vinimos.



LOS PASOS INVISIBLES
Vano es el tiempo, Guillermo
en que te busco entre los bares
y las calles de arena,
pisando los pasos invisibles
que olvidaste como nube
pasajera llevada por el viento
de la tarde.

Batalla perdida la de tus insomnios
entre fantasmas del pasado
que aun sonríen entre viejas
fotografías y copas por tus labios
no bebidos, porque estabas como
siempre encerrado entre tus
muertos, entre brumas de tabaco
y jóvenes amores que partieron
tu existencia.

Yo sé de tu infancia adolorida,
de tu niñez entre las flores,
de tu vejez que se derrumba
entre tus canas escondidas,
de tus tardes de alegría
desbordantes de amarguras.

De odio fue deshecho tu viejo corazón,
cansado de tañer en las iglesias
que tú mismo construiste.

El día en tu existencia
debió contar menos horas, viejo Lear,
porque la muerte que te abruma
entre el crepúsculo y la aurora,
es un almanaque en que el
tiempo deshoja su memoria
inexorablemente repetida.



   OPUS 51

Al despertar por la mañana
tengo que fortalecer el ánimo
a limites indescriptibles, pues,
el hedor de la realidad me hace
aborrecer el mundo.


I
Como una vieja tradición
germana, heredada de una
melodía litúrgica/ mi
espíritu se solaza matutino
entre Mozart o Beethoven.

Un café, un cigarro/ acompañan
un minué/ una sinfonía/
o las majestuosas polonesas
del polaco herido en el respiro
que la vida acorta en su retiro
de Menorca.

Por la tarde/ una copa de vino
reposada en el almuerzo acompañan
a mis ojos entre páginas
impresas de colores, texturas
y contrastes.

II
El ánimo descompuesto
se apacigua en un allegretto
moderado Wagneriano/ o en
un moto perpetuo que recorre
las calles de Salzburgo.

III
Como un allegro/ el destino
de un hombre puede trocarse
en un instante/ como el
navegar de la noche en que
navega mi vida/ elevada
por un viento placentero que
recrea su alegría entre las
hojas de un viejo arce/ en
istesso tempo/ aun cuando
el cuerpo y el espíritu
han cambiado su rumbo/
y el otoño llega a mi corazón
entre trinos y susurros de
hojarascas que mitigan
el ímpetu lejano de la
juventud.




A TRAVÉS DE UN VIEJO MAR UNA MAÑANA
Que tierna es tu risa, Cristina,
que en la mañana última
de la semana, aroma con
dulzura un café o un té
en la terraza cristalina
en que me cuentas los juegos
de un niño y de un hombre
que te aman.

De las montañas bajo,
de los abismos subo,
a escuchar tus alegrías
e ilusiones, pequeña niña,
que me hacen olvidar
mis penas y amarguras;
luego, del consuelo que me
brindas, regreso, pequeña amiga/
a un mar de soledad y de tristezas/
esperando esa mañana
en que tu risa vuelva
a mostrarme de la noche
sus estrellas.



ATARDECERES Y RECUERDOS
Y en este recodo del camino
de atardeceres y recuerdos/
llegas tú para decirme
-  dejándote caer sobre mi
pecho como un niño –
que las flores en enero también
saben reír/ que la blancura
de tus manos han tocado
las estrellas/ que un amor
ha embellecido tu vida de
jardines y parterres/ y que
el ansia de vivir es un
castillo hecho de rocas
donde coinciden nuestras
vidas en una voz enamorada.



TORTUGAS
Tocad en lo profundo
aunque el cuerpo calcinado
en la mar se halle disperso/
aunque la voz tienda a
apagarse como luces
de un cielo enmudecido/
aunque mi nombre
sea olvidado
por los hombres sin memoria.

Tocad sin miedo en lo profundo/
el vino está servido
a toda hora.



CONFÍN DE LA MEMORIA
He buscado una sombra
para decirle que he borrado
en la memoria un gran
número de cosas
tu nombre,
un beso,
una calle,
la memoria misma
para que tú no existas.




VENTANA DE UNA CASA VACÍA QUE MIRA AL MAR

Para ti, Gabrielle, ahora que
sabes que la tristeza no echa
raíces sobre mi rostro, que
nunca nadie destrozará mis
ilusiones o mis sueños, y que
de mirtos y laureles el tiempo
coronará mi frente.


Te escucho siempre reír/
pero en tu boca no germina
el tiempo que sólo asienta
sus raíces en tus sienes
encumbradas/ aunque sueñes
que el invierno inexorable
de tristezas y de dudas/
es capaz de florecer en un
verano perdido en la memoria .

Caminamos entre pasos silenciosos/
porque son esos parajes donde
la vida/ ausente de los ríos
que bañan su corteza/ ha dejado
de soñar con las nubes y las
lluvias.

Un día como tantos abrí las puertas
de mi casa porque llegabas con el
sol/ y te instalaste en ella con
la nostalgia de una infancia
afortunada que yo llegué a querer/
porque en mi mano nunca un
pan quedó sobre la mesa.

Y así vimos los amaneceres
sin saber si el sol de la
alegría bañaría nuestros cuerpos
de furor y de deseo/ entre sonrisas
de miel y labios azulados por
el frío/ porque sentí que un pajarillo
solitario anidaba en tu corazón/
como aquel que volaba entre
mis sueños de trinos y juguetes
inventados.

Pero un día te fuiste
como se van las olas
y la arena quedó sola/
con los ojos apagados
entre sombras tristes./
Y vi al otoño que viene
entre follajes y hojarascas
llevándose la vida;/
al invierno que se posa
en cabellos ennevados/
y al labriego en su faena
cubriéndonos el rostro.

Una vida se llenó de
profundos precipicios/
donde sólo el llanto
acompañó sus noches
y sus penas./ Una vida
que ha logrado mantenerse
en la cornisa/ a pesar de
los rencores que se fueron
para siempre.



SOLITARIO SUEÑO
Cuando Iván destapó
la última botella
miró el vaso solitario
que cayó sobre la mesa.

Sumaron las botellas
en la cuenta y eran
seis/ como seis los
minutos que su pensamiento
había acumulado en los
siglos que habían precedido
la tarde aquella en que
se vio a sí mismo en la
espuma de aquel vaso
solitario.

Entonces escuchó los
lamentos de su madre/
ahora anciana/ en la
soledad de una sangre
coagulada en una sábana.

Su madre lo llamó y lo sacó
de su rutina matutina./
Aún tenía entre la almohada
huellas rojas/ frescas pisadas
como fresca la espuma
que en su sueño aun no
había bebido.

Iván/ sobre la barra/
reposaba su modorra.



SIEMPRE
Siempre la ilusión
de ese Puerto entre la niebla,
siempre ese vacío
entre las manos
aunque la Tierra
luzca sus bondades.
Siempre ese siempre
que parece agonizar
en las palabras.
Siempre ese pan diario
agriando mis mañanas.
Siempre el rostro de mi madre
deambulando entre mis sueños.
Siempre ese siempre
que se pierde siempre.



OTRA VEZ ESOS PASOS
Otra vez el silencio
en la horade los muertos.
Es la hora de los
pasos silenciosos,
la hora en que Lorenza
gruñe y gruñe
al desfile de los pasos
de los ojos cerrados
a la noche.

Es la hora de Jorge Bacacorzo
y sus Eras de Junio,
la hora de Chicata,
porque Jorge también
canta a sus muertos en la muerte.

Washington sonríe
para vivir mañana,
para cantar de nuevo
entre los muertos que
también saben cantar
sus versos y sus apus.

También Augusto, con
una sola sombra al frente
cantará a sus hijos y a sus nietos,
a las generaciones venideras,
a los hombres que soñaron
lo imposible en lo imposible.

Otra vez el silencio
en la hora de los muertos,
en la hora de la lluvia solitaria
y el granizo de fuego que  
Paco cantara en su Twilight,
en la hora de Carlos Alegre
pintando su alegría
en lienzos de cielo
y mar de inmensidades.
La noche de los muertos
trasunta lo infinito,
navega con los ríos,
ruge con los mares,
viaja con el viento,
trina con las aves
en su mirar de cielo.
Otra vez el silencio
en la hora de los muertos…

otra vez y siempre otra vez.





LAS VOCES
En el corazón de cada piedra
hay una voz,
en cada voz un hombre,
en cada hombre una historia,
en cada historia un misterio.

Descifrar ese misterio
es llegar al corazón
     de cada hombre






AUNQUE NO ESTÉS...

Para Alberto Valcárcel

Tú eres la brisa
que supo protegerse del olvido…
aunque no estés…
la rama dibujada en la bondad
de savia que no muere…
aunque no estés;
el verdor de la astromelia
perfumada de amistad…
aunque no estés;
la voz del lago herido,
de la mujer que teje,
del hombre que pelea
con la tierra y el arado…
aunque no estés;

(Tu voz de afectos pueriles llegaba
atenta a cubrir las mañanas y
las tardes extraviadas)

Tú eres el espejo
en que la vida sonreía,
la flor que reflejaba
las noches y los días…
aunque no estés

Hay un amor sobre tu tumba
que florece la tierra de amistad.






SI NO VIVO EN SOLEDAD, NO VIVO...
Si no vivo en soledad, no vivo,
y solo es soledad,
la vida plena del vivir
en que he vivido.
Mi vida solitaria siempre ha sido,
motivo de mi ausencia en este mundo.
Que otros vivan de manera diferente,
es a mi vivir, indiferente,
aunque la llama complaciente
que en mi alma anida desde siempre,
sea el fuego que inflama
y quema mi existencia.

Que sea el corazón de fuego,
de estopa la carne en que se abraza;
el alma atormentada de pecado
encuentra en soledad calma que pasa.

Que venga Dios incomprendido,
negado en su crueldad e indiferencia,
la Muerte, dulce complacencia,
espera en el camino con paciencia.

Juega Dios, juega el destino,
juega el diablo, juega la Muerte,
juegan todos; solo uno pierde,
es el Hombre el que sufre su maldad
y paga con creces la furia de ese Dios
hecho a su semejanza.



ESE OTOÑO QUE PERDURA
El otoño vive en tu corazón/
no hojas verdes, no amor/
que larga desolación
la que irrumpe en tu ventana/
en tu puerta/ en todo resquicio
donde pasaba la luz.

La dulce primavera
que afloraba en tu mirada/
en tu voz/ en esa forma tuya
de hacer un gesto una ilusión/
ya no desprende sus colores
vivaces/ su aroma embriagador/
la dulce tesitura de la hierba
matinal.

Ahora un cielo gris
de negras nubes
se abraza a ti/
se ha marchitado la vida
y ahogado la esperanza.

Venga el universo en su distancia 
y su fría lejanía.







G